Perjuicios del café – ¿qué le pasó a mi cuerpo después de dejarlo?

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Mi relación con el café siempre ha sido de amor-odio. Al principio adoraba su aroma, pero detestaba su sabor. Llegar a casa y sentir ese olor a café recién hecho tan particular, me hacía sentir bien, incluso feliz. Siento que el aroma del café hace acogedor cualquier lugar. Donde hay café, hay calidez. Lo que no tuve en cuenta, al principio, fueron los perjuicios del café.

Mi relación con el café comenzó cuando tenía 20 años.

A mis 20 años decidí que necesitaba tomar un poco por las mañanas para no dormirme en la oficina. Trabajar frente al ordenador todo el día era un reto terrible. Como decía, detestaba su sabor, así que lo compensaba añadiendo una cantidad más que generosa de cacao en polvo. Mis mocca eran espectaculares. Y mira por dónde, aquello que comenzó siendo una obligación que me había auto-impuesto, con los años acabó convirtiéndose no sólo en un placer, sino en una necesidad. A los 33 años ya no sólo no lo odiaba, sino que empecé a tomarlo también después de comer. Un café con leche muy cortito muy cortito, pero café al fin y al cabo.

Como veis, tampoco era una consumidora de café empedernida, (2 cafés cortos al día), pero cuando llegaba el fin de semana, aunque ya no tuviera la necesidad de tomarlo para ir a trabajar y aguantar la jornada laboral, no dejé de tomarlo. ¿Me estaba gustando demasiado?

Empecé a plantearme seriamente el dejarlo. Pero me aterrorizaba la sensación de no ser capaz de aguantar la jornada laboral. De no ser “persona” y de andar somnolienta todo el día. Uno de los motivos por los que me planteaba dejarlo era porque, los médicos, le prohibieron a mi padre su consumo debido a la acidez que producía en su organismo. Y pensé: “si es malo para él, es malo para todos”. Hasta que recibí un imput más: un buen amigo me envió un enlace a un artículo en el que un juez en USA había decretado su comercialización como un delito debido a lo dañino que resulta para el cuerpo. ¡Caray! Esto es serio, pensé. Leía el artículo mientras me tomaba un café, precisamente, en una tranquila mañana de las vacaciones de Semana Santa. Así que decidí que aquél sería mi último café. 🙂

el aroma del café

¿Qué perjuicios tiene y qué le pasó a mi cuerpo al dejar el café?

Pasé por una serie de fases: primero, tal y como me temía, tuve mucho sueño. Me pasé los siguientes días de vacaciones durmiendo muchísimo, como un bebé que necesita siestas de 3 horas. Increíble. (¡Por eso recomiendo comenzar con el plan “detox” en vacaciones o en fin de semana!) . También tuve alguna migraña. Y al oler café, mi cuerpo me decía: “anda, tómate uno, que por uno no pasa nada. ¡Está tan bueno!”. Ahí es cuando pensé que tenía mono. Ostras, pues es más grave de lo que pensaba. ¡Era adicta! Y yo, que no quiero que ningún químico afecte ni controle mi cerebro, decidí no obedecer a mis impulsos, mantenerme firme en mi decisión, y ver hasta qué punto soy débil o fuerte en el control de mi mente. Porque esto es cuestión de mente. 

Puedo decir que he ganado la batalla al café.

Después de estas pequeñas crisis, y pasados 46 días, tengo que decir que ya todo va rodado:

1 – Me siento mucho más energética. Curiosamente, más que cuando tomaba café. Y aquí viene el porqué:

2 – Duermo más profundamente.

3 – Estoy más calmada, ya no tengo ese “chute” de adrenalina que te da el café, ya nada estimula mi sistema nervioso, estoy en control. Si estoy despierta, activa y contenta, es porque he descansado bien, no porque esté “drogada”.

4 – Lo mejor: la irritabilidad en mi intestino ha desaparecido. Aquí es donde noto lo acidificante que resulta el café. No me extraña que se prohíba en pacientes enfermos de cáncer, porque es un potenciador del medio ácido, en donde las células tumorosas proliferan a sus anchas…

5 – Ya no tengo migrañas. Hacía años que no pasaba más de 30 días seguidos sin una migraña de vez en cuando.

6 – En mi cutis: la alteración sanguínea (rojeces) en mejillas se ha reducido mucho, y mi piel está visiblemente más hidratada. El café, deshidrata.

7 – En mi cuerpo: mi circulación también ha mejorado gracias a una desinflamación de los vasos sanguíneos. ¡El café es un gran enemigo de la celulitis!

Los perjuicios del café están claros y mi organismo claramente está MUY CONTENTO.

Uno de los perjuicios del café es que puede crear adicción.

Tengo que confesar una cosa…que tuve una recaída el día 23 de abril, tras 23 días siendo felizmente coffee free. Pero está justificado, o eso pensaba. ¿Por qué recaí? Porque tuvimos comida familiar  y después me tocaba trabajar. Fue una comida copiosa y pensé que necesitaría café para poder atender bien las visitas de la tarde. Meeec! Error. No sólo no me ayudó a estar despierta, sino que me dio una migraña bestial, terrible, de las peores que recuerdo, que duró toda la tarde y hasta el día siguiente no me sentí mejor. Recuerdo que a las 12 de la noche estaba agotada y no conseguía dormir.  Sólo ahí me di cuenta de lo perjudicial para el cerebro que es esta droga.

Ahora ya hace 46 días que no tomo café (exceptuando el día 23 de abril), y puedo afirmar que NO lo necesito en mi vida. ¡¡Soy libre!!

Confieso también que el olor me sigue encantando, pero que estoy por encima de ello y mi cuerpo no lo ansía cuando lo huele. He eliminado los perjuicios del café de mi vida. Ahora desayuno con infusiones de hibiscus y jengibre, que tiene un sabor increíble. 🙂 ¿Te animas?

cambiar café por infusiones

 

2018-05-17T17:51:42+00:00

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